prostitución y esas cosas de Amsterdam


así, a secas, la prostitución me parece una muestra de que el sistema apesta. es una mierda. y alguien paga por ello con el sudor de su entrepierna. de esas trabajadoras, el  98% son mujeres.

el acto en sí de intercambiar favores sexuales por bienes no me parece necesariamente mal… si pudiéramos sacarlo de su contexto y hacer de ello algo más alejado de esa semi-esclavitud que es en realidad la prostitución.

brevemente, esas son mis dos reflexiones sobre el tema.

y luego está Amsterdam.

el barrio rojo es en realidad una serie de calles y callejas en las que puedes encontrarte un coffe-shop, un sex-shop, una tienda de licores, un restaurante y una sucesión de ventanas en las que mujeres medio desnuda se contonean para llamar tu atención y te dedican sonrisas invitándote a entrar para gozar de sus servicios. por un módico precio que ronda los 40€ si hablas de oral o 60€ -o más- si prefieres otro tipo de sexo, ya sea penetración vaginal, anal, variados… el cielo es el límite, parece ser.

a primera vista, esas prostitutas están a años luz de sus iguales en otros países. en Amsterdam son ellas quienes te llaman y quienes tienen la capacidad de movimiento entre su espacio -privado pero expuesto- y el tuyo -público-. resulta extraño verlas expuestas como mercancías, apoyadas en los marcos de las ventanas con su lencería imposible, y ver el efecto que tienen entre quienes circulan por las calles… que las miran más o menos de reojo, sabiendo que lo que hacen quizá sea legal pero resulta de alguna manera turbio. porque lo es. todo el asunto resulta escabroso, auqnue la ley le lo permita… se respira en el ambiente que quien está allí no va en busca de un encuentro inter pares sino que «se va de putas» y eso supone una relación de poder en que, al final, da igual si te gusta humillar o ser humillado, hay alguien que elije el servicio y alguien que lo suministra.

resulta significativo que en un país como Holanda, que tiene reputación por su avanzada mentalidad frente a la sexualidad -por ejemplo los juguetes eróticos se pueden comprar en casi cualquier tienda un poco grande- más del 80% de las prostitutas sean inmigrantes. hay trabajos peor pagados que la prostitución que están mucho más demandados… y esto echa por tierra el argumento de que legalizar la prostitución sea una forma de convertirla en una profesión más, sin riesgos. otro punto en contra de esa teoría idílica es que la presencia de proxenetas, uno de las mayores lacras de la prostitución, no desaparece en el barrio rojo, sino que simplemente se convierte en una profesión más parecida a la de un cuerpo de seguridad. si una chica tiene problemas con un cliente, le basta con pulsar uno de los muchos «botones de pánico» que hay diseminados por las habitaciones para que alguien vaya en su ayuda. y ese alguien no lleva placa de policía.

la unión entre sexo y fácil acceso a la marihuana hace que las calles de Amsterdam sean un paraíso para aquellas personas que quieren experimentar la deshinibición como rutina… y eso atrae a mucha gente bastante turbia, al margen de las turbas de amables salidos que llegan de todas partes -hay muchísimos españoles- sólo para sacudirse de encima el hastio existencial.

toda una experiencia observar estas cosas.

debo decir que gran parte de la información que arrojo desde este post es posible gracias a las mujeres del centro de información sobre la prostitución de Amsterdam. increíble la labor que levan a cabo.


2 respuestas a “prostitución y esas cosas de Amsterdam”

  1. Una vez conocí a unos tipos de flandes, y hablamos sobre todos estos mitos urbanos. Venían a señalar algo que has dicho tú, y es que los principales consumidores….vienen de fuera….

    Sí, como si uno fuera a un disneyworld de María Magdalena…

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