llegar a una estación y esperar frente a la dársena de la que saldrá tu autobús, quince minutos antes de la hora programada. sonreír porque en España, hasta al transporte le perdonamos unos minutillos de retraso. constatar que tu autobús no llega… ni siquiera una hora después de lo supuesto. ante la falta de información, nadie baja a las dársenas a hablar con el grupo de pasajeros, subir a las oficinas y pedir hablar con el jefe de servicio, ante la mirada estupefacta de la peña. volver a Oviedo en un autobús de paradas que tarda unas tres horas y pico… sólo porque el conductor te oyó quejarte y dice “Nadie me va a decir que no os puedo llevar en mi autobús, joder”.

eso es lo que pasó, ahora vamos a lo que no debería pasar:

+ que, debido a una congestión de la estación, se aparque un autobús en una dársena diferente a la indicada en los billetes.

+ que sólo se avise a un grupo de pasajeros que están en la parte frontal de la dársena, olvidando que la gente se sienta y apoya contra la pared par descansar.

+ dejar en tierra a 7 de 19 pasajeros/as… y no preguntarse si tendrá algo que ver con el cambio de dársena

… y ahí está la pescadilla mirando su jugosa cola.

por supuesto la respuesta será formalizar una reclamación en la estación de ALSA y elevar una queja en la Oficina del Consumidor.

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