siempre he creído que compartir tiempo y espacio con gente que está en tu “misma onda” hace que avances. consigue poner a un montón de gente creativa en la misma sala, y algo interesante está a punto de pasar -puede que sea una nueva obra de arte, una pieza de software, una idea genial de cualquier clase, una fiesta fuera de toda proporción… o todo lo anterior-.

una filosofía parecida está detrás de muchos tipos de asociaciones, por ejemplo los hacklabs que podemos encontrar en muchas ciudades de España, donde gente con interés por la tecnología se junta para compartir información.

este tipo de agrupaciones suelen depender del interés y la fuerza de personas que creen en los beneficios de trabajar en grupo. pero muchas instituciones se dan cuenta de los beneficios de agrupar a gente “que piensa parecido”.

hace unos años viví en el Oldenborg Center, dentro de Pomona College, donde l@s estudiantes vivían en diferentes secciones divididas según determinados intereses. la idea era que así se favorecía la creación de actividades y grupos de interés afines a sus estudios del español. la cosa funcionaba.

desde ayer estoy viviendo “de visita” en la Kunststiftung Baden-Württemberg, una especie de fundación artística/sala de exposiciones/centro de arte contemporáneo/residencia de artistas. todas esas categorías hacen falta para describir lo que hacen en esta inmensa mansión que cada año concede becas a jóvenes artistas para que residan, si quieren, en el edificio y trabajen en alguno de los múltiples talleres que ponen a su disposición. el sitio es una mezcla entre una residencia de estudiantes y una continua sala de arte contemporáneo. se nota que aquí hay gente joven organizando deliciosas locuras -por ejemplo invitar a artistas a que preparen una comida y elijan una película a ser proyectada para dar a conocer a “la persona más allá del artista”.

el hecho de que se potencie el networking entre gente joven es importante para asegurar que en el futuro los guetos artísticos -esas tertulias de escritores que sólo saben hablar de su montón de egocéntrico estiércol- desaparezcan en favor de conversaciones más abiertas a influencias procedentes de mil y un lugares diferentes.

[foto propiedad de la Kunststiftung Stuttgart]

me parece básico pero merece la pena reflexionar sobre ello -por si acaso-.

cuando tienes algo que decir, nadie va a prestarte más atención que la gente que se especializa/interesa/obsesiona por ese tema.

por eso aplaudo la idea de una profesora de máster que ahora estudio: en la última clase nos regaló el libro en que se recoge su investigación sobre Maltrato a la mujer en Asturias. ¿qué mejor forma de difusión que darle TUS datos y TU enfoque a quienes escribirán/enseñarán/investigarán sobre el tema en el futuro?. te aseguras estar en las mentes de la siguiente generación… y en sus estanterías, siempre a mano para ser citada. genial.

frente a esto tenemos, otra vez, a la profesora que se niega a compartir las presentaciones en diapositivas que pasa en clase alegando que es trabajo del departamento… ¿no sería mejor crer una presentación que SÍ puedas pasar al alumnado?, ¿no haría eso que tu docencia mejorara y que tus conocimientos perduraran más allá de una sesión de clases más o menos provechosa?.

en fin. esa es mi reflexión sobre difundir ideas propias en el aula.