I está escribiendo un trabajo de cierta extensión -30 o 50 páginas- sobre Rayuela, para su clase de Cortázar, un monográfico de cuatro meses. mi nivel de envidia crece a medida que tecleo.

volviendo al tema: está haciendo un trabajo muy interesante sobre el concepto de búsqueda en Rayuela y de vez en cuando me comenta lo que escribe… y yo trato de dar opiniones medianamente inteligentes -o en su defecto, poder fingirlas-. y para eso he vuelto a pasar las páginas de ese libro que tantas veces leí en el instituto.

la primera vez que me encontré con Horacio Oliveira, la Maga, El Club de la Serpiente… sus andanzas me resultaban tremendamente ajenas, pero exquisitamente llamativo. con ese libro conocí uno de mis adjetivos favoritos: bohemio/a. y también me enseñó que se podía escribir en español de una manera diferente y fresca y contar grandes historias y utilizar muchas veces seguidas la conjunción copulativa “y” si que nadie pudiera echarte en cara más que la falta de originalidad.

pues eso, que ahora vuelvo a Rayuela como quien vuelve a un café conocido o besa de nuevo a una antigua novia. con una idea clara de lo que te espera, pero con cierta curiosidad ante los posibles cambios porque, aunque Cortázar lleve unos 24 años viviendo en el mundo de las perras palabras perfectas, su obra no deja de cambiar cada vez que me encuentro con ella.

así que ahora me voy a la cama a enfrentarme con el jazz, el alcohol, el sexo, la patafísica y demás maravillas comprimidas en esas dos partes (De allá y de Acá) entorno a las que se articula el libro juego. un delicioso “elije tu propia aventura” para snobs con buen gusto literario.

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