leo en El País:

El ejemplo contrario (frente a las titulaciones técnicas), dolorosamente recurrente pero no por ello menos cierto, es el de las humanidades y se suele hablar, en concreto, de las filologías. Rosa Requena (30 años) se licenció en Cádiz en Hispánicas en 2001. Desde entonces, el único trabajo por el que ha pasado que requería esa formación fue una beca de ayudante lingüístico en Italia de ocho meses, entre 2003 y 2004, año en el que se mudó a Madrid. El resto: azafata, teleoperadora o administrativa cobrando sueldos que nunca han llegado a los 900 euros mensuales. Su idea de salida laboral al estudiar filología era la de profesora -la natural-, pero ha “echado el currículo en todos los colegios privados de Madrid”, y no la han llamado, dice. También ha participado en procesos selectivos para trabajar en editoriales de libros de texto, pero tampoco ha salido. Así que ahora, en paro, se está preparando las oposiciones para ser profesora de la escuela pública.

son artículos como estos os que me sacan una sonrisa emigrante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *