coño: eso no se dice [redux]


ayer en una sesión del máster tuve un momento de sorpresa y viaje al pasado. discutíamos con la profesora una serie de imágenes pornográficas y eróticas para analizar con cierta perspectiva el proceso de cosificación de las mujeres en la publicidad y el cine. como ejemplo extremo nos habló de cierta parafilia sexual, la furnitofilia, por la que se «convierte» temporalmente a la pareja en un mueble… no quiero hacer juicios de valor sobre esta práctica. en esas estábamos cuando empezó a traducir del inglés un pequeño texto -abiertamente sexista- de una web especializada y cuando llegó a la parte en que se decía algo como «tied up, showing her pussy» ella tradujo «atada y enseñando… sus partes íntimas» y eso me chocó. hace tiempo que no presenciaba un muestra de decoro tan vieja escuela y eso me hizo pensar sobre el tema de los límites personales.

¿por qué no decir coño? traduciendo una página porno, con la foto de una mujer desnuda atada y amordazada para adoptar la función de un reposapiés proyectada en la pantalla… no creo que escuchar la palabra coño lo hiciera más sórdido.

[11:30] leyendo el libro Sociología de valores en la novela contemporánea española (de Antonio Gutiérrez Resa) me detengo, por curiosidad, en el análisis que hace de Trifero (de Ray Loriga) y Amor, curiosidad, prozac y dudas (de Lucía Etxebarría). en ningún momento cita -más allá de la reproducción de fragmentos de las obras- el sexo… a pesar de que forma parte importante del primero y fundamental del segundo. habla de la familia, la religión, el trabajo, pero nada de sexo.

¿qué clase de educación hemos recibido? me pregunto. ¿cuándo nos reconciliaremos con ciertos tabúes que ahora (me) parecen sinsentido?


Una respuesta a “coño: eso no se dice [redux]”

  1. Coña, polla, follar, mamada…

    Lo curioso del tabú es que acaba conquistando todos los niveles de la vida. Es lo que no puedes decir por pudor; pero muchas veces es sobre lo que no puedes educar; lo que no puedes practicar (aunque quieras); lo que te provoca desajustes cuando piensas sobre ello.

    Profesores de universidad y analistas literarios… lo próximo será que los poetas no lean a Baudelaire.Trágico.

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