Haruki Murakami y El Rata como arquetipo del jóven escritor

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hay algo de placer culpable en leer las primeras obras de un/a autor/a que nos fascina: su imperfección hace aún más interesantes las obras posteriores.

los primeros cuentos de Borges y sus sencillos argumentos, Cortázar y sus trillados golpes de mano narrativa, Foster Wallace y su escritura de la depresión de primera -sufriente- mano. los fallos y la falta de originalidad salpicada de pequeños detalles que dejan, quizás, entrever el genio futuro son lo que hace de estas primera obras algo especial.

estos días he estado leyendo Pinball, 1973Hear the Wind Sing, sus dos primeras novelas y las dos primeras partes de la llamada “Trilogía del Rata” en honor a un personaje secundario que pulula por ellas y que adquiere mayor importancia simbólica en la tercera parte, la maravillosa y ya plenamente murakamiana “A Wild Sheep Chase” -a su vez primera parte de la historia que culmina con “Dance Dance Dance“-.

El Rata es uno de nosotros cuando teníamos veinte años. es un personaje confundido que no sabe qué hacer con su vida, no entiende cómo funciona el amor y tiene ciertos problemas de autocontrol con la bebida. un postadolescente normal.

a lo largo de los tres libros, El Rata encuentra su camino a través de la literatura, gracias a que uno de sus amigos, el protagonista de la Trilogía, le da un pequeño empujón hacia la lectura.

a través de El Rata conocemos los desvelos de un jóven escritor que no sabe cómo escribir, ni siquiera qué escribir, pero que entiende a un nivel por debajo de lo racional que debe hacerlo. esta es una forma plenamente romántica de pensar en la literatura y en el oficio de escritor, y contrasta con otros ejemplos de profesionales de la tecla que aparecen en las mismas novelas.

frente a El Rata tenemos a publicistas y traductores que dedican felizmente sus horas a escribir palabras mercenarias, mientras que El Rata lucha por ser capaz de escribir algo real o vivir algo real. esta incapacidad para escribir podría haber sido el tema principal de cualquier otra novela, pero sin embargo en la Trilogía no alcanza ni siquiera el estatus de tema real, sino el de subtexto apenas comentado.

El Rata es un escritor que no se quiere dar a conocer como tal y está condenado a hacer su camino aún más duro de lo que debería ser. su convicción de ser incapaz de escribir y falta de orgullo de escritor se convierte en una falta de carácter más, como su peligrosa afición por el alcohol.

mientras Murakami, el joven, dedica páginas a describir los insulsos devaneos sexuales del protagonista o la persecución sin consecuencia de una máquina de pinball, El Rata sufre en segundo plano desenfocado.

es delicioso entrever, por los huecos de las tramoyas de argumentos que no interesan demasiado, al genio inconsciente crear mundos plenos de sentido con escasos golpes de tecla.

Murakami hace en un par de páginas, sin querer, lo que Joyce, con pleno conocimiento de causa, en una novela.

 

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arte, egoísmo y crítica: todo el mundo es un artista. todos podemos hacer lo que nos propongamos

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a) todo el mundo es un Artista

 Apps como Instagram triunfan. cada nuevo teléfono móvil lleva incorporado mejores herramientas de edición fotográfico, o incluso de vídeo, con las que alterar y “perfeccionar” nuestra original y única (ejem) visión del mundo.

la cultura del compartir está aquí y forma ya parte de cómo entendemos la vida en el siglo xxi. compartir el coche o la casa, decía en otro post, pero también compartir nuestro mundo interior a una escala jamás vista con anterioridad.

todos somos artistas, aunque no tengamos demasiada práctica ni formación artística, nadie se interese por nosotros o quiere utilizar/remezclar/comprar nuestras obras, ni nos lo planteamos. la moneda de cambio preferida es la aceptación y el reconocimiento de nuestros pares, que, en muchos casos, no se nos muestran únicamente como fotografías de perfil retro-vintage-pixeladas cuyos equivalentes en carne no vamos a conocer nunca.

un “me gusta/i like/+1/<3/…” es un indicador de éxito y esto vale más que un puñado de euros… aunque el sueño de la profesionalidad está siempre ahí, al final del túnel.

¿cuántas nuevas “youtube stars” han aparecido en los últimos años? [miles]

¿cuántas de esas estrellas se pueden ganar el pan con el sudor de sus micros? [Justin Bieber]

vivimos un momento histórico en el que la producción artística es descomunal. nunca antes se habían tomado tantas fotos, nunca antes se habían cantado tantas canciones con el fin de compartirlas con el público, nunca tantas personas habían publicado tamaña cantidad de relatos o poemas… y todo ello de una tan generalizada mediocre calidad.

el artista Joachim Schmidt se dedicó hace unos años, a recopilar fotografías que la gente publica en internet y organizarlas según temática, publicando colecciones que ponen de manifiesto la poca originalidad de nuestro arte. en sus libros vemos cientos de tazas de café, miles de platos de comida, millones de monumentos idénticos con personas en muy parecidas poses.

nihil novum sub sole, está claro. pero todo lo que contribuya a que miremos el mundo con mejores ojos, busquemos belleza u originalidad en lo que nos rodea, y tratemos de elevar nuestra percepción de nosotr@s mism@s… todo eso me parece más que necesario. ése es mi punto.

b) todos podemos hacer lo que nos propongamos

una de las cosas que más me sorprende de vivir fuera de España -desde hace casi una década ya- es el optimismo vital y la seguridad en sí mismas que tienen, desde pequeñas, muchas personas con las que me he encontrado en EE.UU. y Alemania.

este nivel de autoconfianza -nacido del alto grado de individualismo que existe en estos países, comparado con el mínimo nivel de España, solo superado en Europa por Grecia y Portugal– hace que no se vean limitadas por estupideces tales como el “qué dirán” o al “parecer rar@”. y la ausencia de miedo a hacer cosas que sean diferentes hacen que se puedan expresar de manera creativa con mayor facilidad que en otros países.

obviamente, el reverso tenebroso de este aspecto positivo es que las personas individualistas caen con mayor facilidad en patrones de egoísmo, ya que el foco de su actividad se centra en el “yo” y no en el “nosotros”.

el tema del “ego-ismo” es, desde luego, muy importante al hablar de arte, puesto que la persona artista debe mirar en su interior para fraguar algo sólido y conseguir esa mezcla de todo lo leído/visto/escuchado/comido/pensado/soñado… que es la creación original.

el arte debe tener, pienso yo, un elevado grado de ombliguismo en la fase de la creación y un altísimo grado de generosidad en la fase de la difusión y “consumición” final por parte de quienes experimentan la obra artística. esto no quiere decir que todo el mundo pueda crear por el mero hecho de ser egocéntrico. la auténtica creación artística no sale casi nunca del “genio” sino de la práctica, la revisión de lo que otras personas crean y, también, la formación.

mi punto aquí es que, ahora, más que nunca, podemos dar rienda suelta a todo lo que llevamos dentro y ofrecerlo a quien quiera escucharnos/leernos/mirarnos/… pero esto no quiere decir que todos lo podamos hacer bien.

c) motivo de este post / conclusión del mismo

quizá habría que preguntarse si la calidad ha dejado de utilizar una escala dogmáticamente compartida.Quizá el “hacer” sea ahora suficientemente importante y el canon/lo correcto están en vías de extinción. con todo lo bueno y malo que ello conlleva.

… o si, por el contrario no deberíamos volver a un crítica que hiciera uso de un subjetivismo estratégicamente tradicionalista, con reglas críticas más o menos estables que utilizar como herramientas mientras conserven su función, sin caer en los dogmatismos del pasado ni olvidar el valor e la fluidez ocasional. el objetivo final sería hablar sin remordimientos  o miedo a no parecer cool, del buen arte, la buena literatura…

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el inexistente problema de los adultos que leen libros para jóvenes

publicado originalmente en Google Plus

Joel Stein habla acerca del fenómeno, reciente, de adultos enganchados a libros que, en un principio, estaban destinados a niños o jóvenes, como las sagas de Crepúsculo, Harry Potter o, ahora, The Hunger Games.

Dice Stein que los adultos no deberían rebajarse a hacer cosas para niños, y aquí incluye también escuchar música para adolescentes o celebrar tu boda en Disneyland.

No conozco al señor Stein, pero me da la impresión (por otras cosas que ha escrito para la revista Time) de que busca presentar un perfil de sí mismo cercano a la “lectura para adultos”, por aquello de que su primer libro se publica en mayo, según informa la bio al inicio del artículo.

Yo creo que cualquiera es muy libre de leer lo que le de la gana, es su problema, no el mío. Y ese argumento que empieza a ser más que común acerca del empeoramiento de la literatura contemporánea, es ridículo. Ahora tenemos más libros a nuestra que en cualquier otro periodo de la historia, y, por lo tanto, hay más personas que leen… algo.

Sigue habiendo gente que lee a Bolaño, o a Wallace, o a cualquier otro escritor/a cuyo estilo busque que quien lee lo haga a conciencia, pero hay más gente que decide llegar al libro como se llega a una película de fin de semana, buscando una historia que entretenga, que emocione, que haga todas esas cosas que la literatura debe hacer, pero sin complicaciones.

Quien piense que Harry Potter es un libro para niños y que sólo debería interesar a estos, no entiende muy bien el mundo en que vive.

Ahora bien, vamos con la parte más snob, estoy convencido de que existen múltiples parámetros para juzgar qué es buena literatura y qué no lo es. Según los míos, Crepúsculo, por ejemplo, no es buena literatura porque no nos ofrece nada interesante en la prosa de la narración, ni en el desarrollo del argumento, ni en la estructura de la obra, ni en la construcción de los personajes. Pero eso no importa si la historia en sí es de tu gusto. Si no te importa seguir un argumento que es predecible en demasiados momentos, entonces no tienes por qué preocuparte. Millones de personas encuentran esos libros fascinantes, y no hay nada intrínsecamente malo en ello. Estas historias no suelen ser buena literatura porque no buscan la calidad en ese área sino en el del entretenimiento accesible a todos. De 10 a 100 años, como algunos puzzles.

Los adultos podemos enfrentarnos a libros más maduros, más complejos, que los niños o jóvenes lectores, pero eso no quiere decir que todos tengamos que hacerlo. [Aunque seguirá habiendo muchos que lo hagamos así]

Si el señor Stein eligiera un libro determinado como su vaca sagrada de la alta literatura y estudiase cuántas personas han leído ese libro en los últimos años, posiblemente descubriría que las cifras van en aumento. Cada vez se lee más, de todo tipo de literatura, porque cada vez es más fácil acceder a los libros en sí.

Los adultos leen, en definitiva, lo que les da la gana.

… otro problema es, como se ha dicho varias veces ya, que la literatura de vampiros haya acabado con la llamada chic lit, pero eso ya es harina de diferente costal.

#interesante

Adults Should Read Adult Books – Room for Debate

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traducción al español de dos relatos de Kobo Abe

traducción al español de los relatos “El dictador” y “El diablo” del escritor japonés Kobo Abe, considerado uno de los grandes de la literatura nipona contemporánea. al margen de ser una muestra de buena literatura, su lectura está cargada de sentido político/social: el primer relato aborda alegóricamente el tema del poder y la comunicación, y el segundo nos hace pensar en la ambición humana. desde luego, #interesante

Gonzalo Garcés, en la Revista Ñ, hace una reflexión sobre el futuro de la novela y la importancia…

Gonzalo Garcés, en la Revista Ñ, hace una reflexión sobre el futuro de la novela y la importancia de la unidad de acción (increíble que estemos hablando todavía de eso) Todo por la lectura de la última novela de Houellebecq, El mapa y el territorio, en la que el personaje principal y el nudo argumental de la primera parte pierden radicalmente importancia en la segunda.

Al margen de ser un artículo interesante, Garcés apunta algo muy básico pero importante: buscamos nuevas maneras de contarnos historias, y, éstas, cada vez más se alejan de ideas del siglo XIX que siguen entre nosotros como la realidad monolítica de la identidad, la constancia en la opinión… ese tipo de cosas.

los personajes de muchas novelas contemporáneas muestran una “falta de concentración” una relación fluida con sus problemas, justo como nos pasa a nosotros. pensemos en nuestra historia y veremos que no es una línea recta ni una progresión coherente. nuestros intereses cambian, nuestras pasiones se enfrían y renacen.

quiénes somos depende de un cierto grado de constante improvisación que existe. ahora bien, esta improvisación no suele cambiarnos totalmente (yo no paso de ser profesor de lengua durante dos años a convertirme en mecánico de tractores de un día para otro)

delicioso tema, el de la identidad y sus cambios. muy #interesante

La lógica de la disonancia

Artículo sobre William Gass y traducción de una de sus historias

Publicado originalmente en plus.google.com

en el blog literario Bolmangani, encontramos traducida “Vida entre estanterías”, una de las historias del genial William Gass. interesante y entrañable historia para amantes de la lectura y entusiasmados de las bibliotecas 🙂

vía email from cajón de sastre de nachovega

“de qué hablo cuando hablo de correr” el libro que [aún] no existe

writer moleskine.jpgme encanta Haruki Murakami, lo he dicho en otras ocasiones y ahora lo mantengo con mayor vehemencia porque he podido leer casi toda su obra publicada en inglés.

pues bien, gracias a que de vez en cuando el señor Murakami se aleja de la ficción para hablar de la realidad -aunque también nos cuente historias- pude llegar a uno de los libros sobre escritura más interesantes que han caído en mis manos. el título en inglés es What I Talk About When I Talk About Running, y habla sobre la afición del autor japonés a correr el maratón. en principio podemos decir que el libro habla sólo de la afición de un escritor por salir a correr todos los días y participar en una prueba de esa magnitud una vez al día. pero en realidad habla, de manera más o menos expresa, de escribir novelas.

no creo en las lecturas técnicas para aprender a juntar letras de manera artística -lo de Cómo Escribir Novelas para Tontos me parece una tomadura de pelo- pero estoy convencido de que la mejor manera de aprender a hacer algo es observar a l@s profesionales hacerlo y luego intentarlo. pero eso no quiere decir que no reconozca el poder evocador o inspirador que tienen ciertas obras, que te cogen por la tecla y te arrastran a crear textos; buenos o malos, eso dependerá de muchas cosas, pero hay obras que te empujan y te hacen plantearte -desear- la existencia de un genio creador en ti mismo. y aunque eso no asegure la calidad literaria, al menos hace más fácil que te lo pases bien escribiendo.

después de leer What I Talk About When I Talk About Running me sentí optimista porque lo que Murakami dice es que correr -escribir- duele. y cansa mucho. y hace que te enfades contigo mismo. y al principio eres muy malo. y da igual cuánta atención prestes o cuánto imites a las grandes figuras. al principio no eres capaz de hacer las cosas bien: te cansas. tratas de tomar atajos. te caes una y otra vez. es una pena que el libro aún no esté traducido al español, me parece una muy buena lectura.

desde que terminé el libro, hace un par de meses, me planteo mi afición por la escritura creativa desde una perspectiva diferente, más lúdica y a la vez más consciente de que los músculos me van a terminar doliendo mucho.

quizá por eso ahora disfruto más con mis Procesos Creativos y seguro que por eso puedo decir que he terminado mi primera novela -que se resistía a tener un fin desde hace un año- y que ahora, cansado y con agujetas, estoy organizando su envío a diferentes editoriales y concursos.

se trata de una carrera de fondo.

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