¿Cuánto vale tu tiempo?

creo que es algo que deberíamos tener claro para evaluar el tipo de actividades que aceptamos como parte de nuestra vida.

en mi caso, perder el tiempo, es decir, hacer algo que no me reporta ninguna satisfacción o beneficio de cualquier clase, se ha vuelto inaceptable. y cuando, pese a mi no aceptación, tengo que dedicarles mi tiempo, lo hago de la manera menos intrusiva posible. es decir: que si tiene que escocer, al menos que no duela..

idealmente deberíamos identificar las situaciones que conllevan un agujero negro para nuestros segundos.

si tu problema es la constante procastinación frente al ordenador, deberías leer los consejos que EDans daba para no convertirse en un infomaníaco -sobre todo lo de consultar el mail y postear a unas determinadas horas- aunque creo que podríamos añadir un apartado especial para englobar el fenómeno de visionar series o películas online. la rapidez de acceso al ocio significa que en cualquier momento puedes tomarte 40 minutos de relax -o tenerlos en sucesión durante toda una noche!-.

si el problema está en el tiempo invertido cara a cara con personas que no nos aportan nada, la solución es más fácil: existe un espacio entre ser correcto y ser atento. porque, aunque debemos tratar con un mínimo de respeto al prójimo -nada de escupir, por favor-, no todo el mundo merece nuestras atenciones. quizá se trata de un compañero de clase/trabajo/ vecino… que nos asalta con sus historias sin que nuestra presencia sea necesaria -es decir, que se quiere oír a sí mismo-, pues entonces lo mejor es saber decir “hasta aquí” y perder el miedo a ser un poco desagradables desde que he adoptado este método, mi nivel de insatisfacción por soportar a ciertos individuos cargantes ha casi desaparecido.

otro punto importante en este camino hacia la autogestión del tiempo es nuestra relación con quienes ocupan, en el contexto que sea, una posición superior en la jerarquía académica/laboral. es necesario tener claras nuestras prioridades para evitar llevar a cabo labores que exceden lo que conforma tus atribuciones . ¡qué forma tan bonita de decir que hay que tener cuidado con los líos en que te metes!. si es la jefatura la que te empuja al trabajo extra, estás medianamente jodid@, porque decir que no puede equivaler a cerrar la puerta por fuera -pero aún así hay maneras de decir NO-. si eres tú mismo quién siempre extiende más cheques de os que tu ímpetu laboral puede pagar, bueno, entonces tú eres tu propio problema. háztelo mirar. una solución está en hacer una lista de las actividades que queremos llevar a cabo y tratar de encajarlas en cronogramas razonables, añadiendo espacios para el ocio/descanso. de esa manera vemos “plásticamente” nuestras prioridades reflejadas en relación al tiempo que tenemos… y aplicando las reglas básicas de oferta y demanda -no especules con tu tiempo!- podemos saber qué tal andamos de “time flow”, es decir, si tienes tiempo suerto para ser generoso con pijaducas o si tienes que poner en práctica medidas de economía temporal.

mi tiempo vale bastante. y cuando alguien me promete un buen negocio, y luego no paga el precio… me siento engañado.

2 comentarios en “¿Cuánto vale tu tiempo?

  1. Otium/Nec-otium

    Y, entre otros problemas, nos han querido convencer de que lo segundo es más importante que lo primero.

    La forma en que ocupamos el tiempo es resultado de ajustes y cálculos de importancia (o de poder) en que entran a colación muchos aspectos y constricciones. Y arrojan resultados a niveles de productividad, de felicidad, de salud o cansancio. Así que la mejor forma de evaluar nuestro aprovechamiento del tiempo es evaluar esos marcadores.

    Supongo que, en definitiva, decidir cuánto vale tu tiempo, es decidir cuánto vale tu vida… y decidir cómo usas ese tiempo, es decidir cómo quieres que sea esa vida.

  2. está claro que privilegiamos lo “productivo” -en sentido estricto-, y que eso responde a la forma de pensar positivista según la cual todo lo que hacemos debe tener consecuencias medibles/cuantificables. por eso, muchas veces, si nuestra forma de invertir el tiempo -fíjate en la expresión mercantilista- está dirigida a producir algo tan intangible como objetos de conocimiento o “arte”.

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