2510349462_34fb9d01ab_m.jpgesta vez no voy a hablar de audiolibros, como en otras entradas de título parecido… aunque cada día estoy más enganchado a esa forma de «leer». esta vez se trata de compartir un recurso que el New York Times pone a nuestra disposición y que me ha tenido pegado al teclado durante un buen rato, escuchando a algunas de mis figuras preferidas de la literatura contemporánea -y no tanto- leer fragmentos de sus obras, hablar sobre ellas, dar clases sobre literatura… un poco de todo.

hay joyas varias, pero si tuviera que enumerar unas pocas me quedaría con Margaret Atwood, Paul Auster, Don DeLillo, Scott Fitzgerald, William Gibson, Alice Kaplan, Haruki Murakami, Vladimir Navokov, Silvia Plath, Salman Rushdie y el tributo a Virginia Woolf.

es entretenido, satisface nuestra curiosidad mitómana y además sale gratis.

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Image:William Gibson by FredArmitage crop.jpgcuando el cerebro sufre una indigestión de seriedad necesita algo que lo alivie… no sólo de Foucault vive la neurona, ¿verdad?. así que me gusta tener cerca algo de literatura de entretenimiento, algo que me haga pensar un poco y divertirme mucho. William Gibson siempre cumple ese cometido. no sé por qué pero todos sus libros me parecen interesantes… algunos son mejores que otros claro, pero todos me hacen pensar en un inquietante futuro no muy lejano en el que no me sentiría del todo mal. después de todo él sólo habla de individualismo, insensibilidad y capitalismo brutal… no de esclavismo megacorporativo, que parece ser la otra opción junto con las palabras «the end» flotando sobre una nube con forma de champiñón.

Neuromencer me gustó en su momento y ahora forma parte de mi colección de audiolibros… cuando necesito un chute de vigorizante pesimismo acelerado, me pongo los cascos y dejo que Case me lleve de la mano por esa extraña cosa que en 1984 Gibson decidió llamar ciberespacio… antes de que algo así hubiera aparecido en la mente de nadie fuera de los círculos de defensa norteamericanos.

el caso es que ahora estoy saturado de teoría feminista -échale un vistazo a mis twitts y verás que paso demasiado tiempo sobre los libros- y tengo en mi poder Spook Country… que no es exactamente ciencia ficción pero está terriblemente cerca. así que ayer noche me metí por entre sus páginas para empezar a disfrutar de la historia. no leí mucho, pero lo suficiente para encontrarme con Node Magazine… que se presenta como la Wired europea. y como ya no podemos vivir sin el conocimiento hipervinculado, pues me puse a buscar información sobre la novela y, claro, a ver si esa revista de verdad existía. cual no será mi sorpresa -otra expresión a recuperar, niños y niñas- cuando me encuentro con «Node Magazine- Everything is potential«, una revista online ficticia creada por un fan de Gibson que se dedica a hacer lo que la revista hace supuestamente en los libros del autor canadiense. genial.

me encanta ver el diálogo que se puede crear entre un autor, sus historias, los lectores… y los lectores/usuarios de servicios salidos de esas historias… Node Magazine es un blog sobre tecnología que usa como filtro de interés aquello que está relacionado con una serie de novelas. en enriquecimiento mutuo es enorme: primero porque Gibson lee NM, lo dice en su blog, y lo segundo porque la comunidad de quienes leen sus novelas pueden crear contenidos que lleven internet a ser algo así como lo que el autor refleja… una especie de trabajo para (re)crear en nuestra realidad cotidiana un mundo de ficción que resulta atractivo.

me repito con gusto: le frick… c’est chic

lo han dicho muchas veces, per esta vez hay una ficha en IMDB, así que parece más serio. alguien se atreve a coger la novela Neuromante, de William Gibson, y llevarla al cine

supongo que un producto difícil de adaptar, por toda su parte psudoonírica que tiene lugar en el ciberespacio -recordemos que Gibson fue uno de los primeros en usar este término y, sin duda, el que lo popularizó-.

tengo que decir que la ficha del supuesto irector me da que pensar… ¿dirigió una película sobre Britney Spears??.  así que quizá esto se quede en otra decepcción.

pero quién sabe…

hace tiempo que no me divertía tanto leyendo un libro; y quiero decir exactamente eso: divertirme. hace años que me entreno para ser un lector profesional, con sus pros y sus contras. se me da bastante bien analizar cómo se construyen los personajes de ficción y sus relaciones con la narración… pero también presto mucha atención a la articulación formal y a la disposición de eventos, así que me pierdo con facilidad el placer de observar el bosque en favor del disgusto que produce ver que las raíces son de cartón piedra. eso quiere decir que muy pocos libros son capaces, últimamente, de gustarme, simplemente, más allá de la fruición estética, que calienta pero no quema. y no hablo de calidad sino de conexión.

acabo de leer un libro que conectó conmigo de una manera hace tiempo desconocida. me reí con su trama, me gustó el lenguaje utilizado y la organización material -la forma en que las palabras aparecen sobre el papel y aparecen dispuestas espacialmente- me encantó. pero eso no fue lo mejor; la conexión de la que antes hablaba se produce también porque la novela de la que hablo, titulada JPod -ya era hora de soltar el título, al que llegué, por cierto, gracias a Microsiervos, el blog español- y escrita por Douglas Coupland -con el autor pasa lo mismo-, tiene el valor de esas maravillosas obras efímeras cuya belleza proviene de su propia calidad y de la certeza de que no durarán mucho. Coupland escribió un libro que caducará en un par de años, un lustro como mucho -¿cuánto hace que no usas esa palabra?-. trata de un grupo de jóvenes trabajando para una compañía de videojuegos y sus relaciones, problemas, neurosis… todo tan cargado de contemporaneidad que con el paso del calendario todo perderá un poco de esa increíble luz que despide ahora, apenas un par de años después de ser escrita -lo mismo que pasó con Microserfs, otra de sus novelas, escrita en el 93-.

pero incluso cuando ese aura de actualidad desaparezca, el libro seguirá teniendo el valor de un documento increíblemente preciso a la hora de describir la vida a principios del siglo xxi; la ambigüedad moral, la inmediatez del acceso a la información y la democratización de las fuentes de conocimiento, las enfermedades de la individualidad y sus ventajas para el desarrollo de la personalidad, las complejas relaciones personales en una época de «remotidad». todo eso unido a la presencia constante de los anuncios, spam y juegos por los que la sociedad en que vivimos -ahora mismo- está rodeada.

todo eso cabe en un libro que parece un chiste -ya desde el título- y que se ríe de quienes lo leen y, de manera muy sarcástica, de quien lo escribió.

Coupland pertenece a ese grupo de gente que habla del ahora con diabólica precisión, o humana comprensión. no me queda más remedio que relacionarlo mentalmente con William Gibson, aunque con mejor calidad literaria que este último. ambos saben que el mundo está cambiando de una determinada manera, que ellos hacen propia y utilizan para escribir sus novelas.

fue un placer llegar a la última página del libro y sentir, a lo lejor, quizá desde Vancouver o quizá desde Tokyo, la risa del Evil Dough, y la sonrisa del Douglas de carne y hueso al seguir recibiendo pasta de gente como yo.

[confesión: estoy a la espera de que me lleguen 4 de sus libros]