si hace unos meses hablaba sobre la falta de diálogo social sobre el franquismo y la necesidad de decir públicamente que fue una época oscura para nuestro país -y no vendría mal añadir algo más como que lamentamos que haya tenido lugar o algo así- ahora quiero hablar de otro fenómeno que me sorprende: la pervivencia de símbología franquista en lugares públicos.

en realidad es todo una cuestión de ignorancia propia,  creía que con la nueva ley de la memoria histórica se había acordado la retirada de toda iconografía fascista… pero ayer pude comprobar que no, que no sólo sigue habiendo águilas, flechas y yugos en lugares públicos, sino que incluso se les saca brillo, se restauran y se mantienen en mejor estado que muchos símbolos de la España actual.

todo empezó en una soleada tarde de Febrero asturiano… estábamos visitando el edificio de la antigua Universidad Laboral de Gijón, un edificio construido en los años 50 por el ministro de trabajo de Franco para servir primero de hospicio y después de universidad técnica. ahora da cabida a la «ciudad de la cultura» que es una idea genial que agrupa una escuela de interpretación y dirección, una de música, un centro de arte contemporáneo -sin duda lo más interesante para mí- entre otras cosas. así que el uso del mastodóntico edificio está relacionado con el desarrollo de ideas nuevas, lo artístico… buen rollito cultural, vamos.y luego llegas allá y ves que en el arco de entrada te reciben con símbolos de la falange y que el patio principal sigue presidido por el escudo y el águila imperial, pero fascio-style.

entiendo que alguien se queje cuando pides que se demuela el Valle de los Caídos… por aquello de que es una obra tan monstruosamente horrible que debe quedar para escarnio de futuras generaciones -aunque en realidad siga en pie porque es la Meca, el Santiago o el Tibet del desafortuado peregrinaje franquista que, por desgracia, aún colea-. ¿pero en un rincón de Gijón, en ese espacio?. ¿qué sentido tiene que hayan renovado los escudos y que estén casi más limpios que el resto del edificio?.

no lo entiendo. o prefiero no entenderlo, casi. porque pensar con detenimiento sobre eso haría que me tuviera que volver a explicar algo que odio, principalmente que en España es uno de los países con mayor tolerancia al fascismo que conozco, que muchas de las personas con las que convivimos siguen teniendo ideas derivadas directamente de esa época de oscurantismo y que, al fin y al cabo, no se puede pasar página porque mientras unos hablamos de derechos humanos y de la falacia del progreso como un bien necesario, otros siguen emponzoñados con su propio odio, escupiendo bilis ante cualquier mención a cosas tan normales como la igualdad entre diferentes sexualidades, o a la inmigración, o a la necesidad de frenar esa pandemia que es la violencia contra las mujeres, o la democracia… o cualquiera de las mil razones que ponen taquicárdicos los corazones de esos que siguen pensando que vencer en un golpe militar tiene algún tipo de consecuencia moral.

es una vergüenza que debamos tolerar la presencia de símbolos franquistas en público, como si la limitada idea de país que tenemos, los problemas de identidad causados y la miríada de prejuicios que llevamos a cuesta, no fueran suficiente recordatorio de cuarenta años de dictdura.

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