LunaMiguel7.jpgno es posible dejar de sentir la fuerza que sangran los textos de esta chica.

si “hay que ser osados” es uno de los adaggios que más me repito -y que menos cumplo, últimamente-, esta poeta lo lleva a cabo a la perfección. hay que decir que tiene 19 años y que a esa edad es cuando una debe comerse el mundo a mordiscos desafiantes.

no había oído hablar de ella hasta que el pasado mes de noviembre, en mi retiro utrechtiano llegué a su “ficha” en el impresionante blog de poesía “las afinidades electivas”. después me crucé con alguno de sus poemas en otras partes -por ejemplo en los Cuadernos del Minotauro, en papel, y en minotauro digital-.

me gusta su estilo conciso y sin florituras excesivas y la forma en que combina registros para sorprender. la verdad es que Luna Miguel pertenecía, hasta hace unos días, al grupo de jóvenes poetas que me gusta seguir -junto a la gente de La Bella Varsovia o 23 Pandoras, que ahora mismo engloban a muchas de las más interesantes voces poéticas de España-.

pero uso el pasado al hablar de mi afición a Miguel, porque ahora mismo estoy en un punto de saturación y simpático rechazo.

cuando empezó a trabajar como blogger para el diario Público, en el suplemento de verano, me pareció genial: una chica joven que tiene un espacio en un medio de importancia, ¡una poeta, además!. eso es tener una voz y visibilizar la creación de una mujer… genial.

luego llegaron los primeros días de posteo y me encantó la actitud de “in da face” / si te gusta bien y si no que te den, no me importa… de tener 19 años y decir lo que te apetece sin preocuparte por  lo que piensen los demás. y decirlo con una intención y técnica suficiente para que resuene bien.

pero luego empezaron a aparecer cada vez más los “posts pose” que no están a la altura del medio para el que se escriben, aunque quedan bien para un blog personal -seamos honestos, yo no intentaría publicar de la misma manera lo que escribo aquí, en un periódico o en una revista literaria-. así que poco a poco veo como la prosa bloguera de Luna Miguel me resulta cansina, a pesar de que confío en que su poesía siga mejorando y que su blog personal sí me resulta interesante. también le tengo simpatía porque parece que le gusta David Foster Wallace, a quien pude conocer en Claremont antes de que se fuera del teatro con corbata de esparto -aunque temo que si lees The Infinite Jest sólo para impresionar a tu novio… bueno, quizá ya no sea lo mismo-.

al margen de su forma de escribir para Público está la cuestión de cómo se reciben sus posts en ese periódico. por cada diez líneas que ella teclea… otros braman cuarenta. es increíble el rechazo y las olas de sarcasmo malintencionado que suscita su descaro. resulta preocupante, cómo el asunto de la Ministra Aído del que hablaba hace un año casi exacto… pero es verdad que el arte también tiene que ser revulsivo y hacer que te sientas insultado.

supongo que, al final, todo se reduce a la pregunta ¿cuántas veces puede un/a poeta alabar “el cachopolla” de su novio antes de que deje de ser provocador y pase de ser ridículo?.

seguiré a la espera. sus textos prometen. por ejemplo:

CAVE LUNAM

Cuidado.

Mi gripe es porcina y maligna.
Mi gripe es de Vaca y de Ave loca.
Mi gripe es Nietzsche tan mal traducido.

Presta atención a mis venas hinchadas,
dentro guardo las babas de Panero.
Dentro, el corazón de un Huevo Kinder
sin sorpresa:
Sylvia Plath Muerta,
David Foster Wallace Muerto,
Virginia, estilo mariposa, Muerta.

Atención. Danger. Bandera púrpura.
La gripe de las almas.
La gripe del humo.
La gripe de las codas y la tipografía
desplumada.

Atención. Contagian.

Cuidado.

Muerdo.

[Foto y poema © Luna Miguel]

¿te acuerdas de cuando eras más joven y tenías más energía?, vamos, no hace tanto tiempo de eso. te comías el mundo a bocados y aún podías decir cosas como “cuando sea mayor”. pero en eso estás, en ser mayor. y las cosas no son exactamente como te las habías imaginado. claro que has aprendido mucho y que no cometes algunas estupideces de las que abundaban antes… pero otras las sustituyen. eso me gusta.

lo que no me gusta nada es darme cuenta de que he perdido una gran parte de mi capacidad de sorpresa e ilusión. hace medio año esa sensación de apatía me golpeó en lo alto de la pirámide de la Luna, en Teotihuacán. I estaba hermosamente entusiasmada mirando alrededor y yo acababa de sacar una foto de la explanada. una foto hermosa. entonces me di cuenta de que me dolían un poco los pies y que tenía hambre. pero nada de latidos alterados o lágrimas en el borde del lacrimal. eso me puso bastante triste. pocos días después de eso, en Chiapas, visitamos la maravillosa cascada de Misol-Xa y yo sentí no sintir dentro de mi tanta belleza como estaba contemplando. así que el azar -o algún dios al que le caigo bien- me insufló una idea osada: subir poe el pequeño camino que llevaba al nacimiento de la cascada. I estaba enferma así que fueron 10 minutos de ascensión en solitario. primero por el camino y luego, casi en vertical, agarrado a las cuerdas, procurando no resbalar y partirme la crisma en tierra extraña -y tan familiar-. cuando llegué arriba, a la cueva junto a la boca de la cascada, miré hacia abajo y lo vi. ahí estaba el sentimiento que estaba buscando. a veces no basta con querer algo, hay que ir a buscarlo; hay que hacer el esfuerzo de abandonar nuestra cómoda tranquilidad y recorrer el camino que nos lleva a él.

luego bajé por el camino precedido por unos 5 niños que también habían subido hasta la cueva -aún me pregunto ¿cómo subieron, con lo jodida que era la última parte?, ¿había otro camino?, quizá-.

desde entonces me sorprendo temiendo dejar de sorprenderme ante lo hermoso. aveces sucede, pero eso quizá sea porque en ocasiones tengo mal gusto. últimamente me pasa con los chistes. qué se le va a hacer. el tema está en que es bueno saber que si buscamos controlar todo nuestro mundo, de la manera que sea, corremos el riesgo de cerrarnos a lo que nos rodea y privarnos de disfrutarlo.

hay que ser osados -dijo M hace unas horas- y tiene razón. debemos ser conscientes de la realidad, maduros para tomar y aceptar decisiones, y ese tipo de cosas. sí. pero si nos acostumbramos corremos el riesgo de ser más adultos y mucho más aburridos. ganamos quizás en precisión pero nos olvidamos de la pasión. por eso ya casi no escribo poemas en las mesas de los bares. por eso, también, el marido germano del que hablaba hace un par de posts se ha aficionado a las “reuniones de trabajo” con Anne Marie en vez de irse a casa con su trabajadora esposa española. porque busca ser osado -y consigue ser 1) adúltero y 2) vía de escape a mi ira-

reivindico el apasionamiento como fuerza motriz. a ver qué pasa.