la ciudad te deja pasearla con la calma de quien se sabe ocupad con otras albores quizá más importantes. no tiene prisas, normalmente, pero está siempre haciendo algo.

en ella -lo siento, uso el femenino porque me parece una mujer fuerte y consciente de su historia- he visto a Nefertiti -ni de coña la berlinesa más hermosa, como dicen los anuncios-, he visto a Dalí y a Picaso; he recorrido un millón de tumbas sin cuerpos ni nombres en honor del pueblo judío, he agotado la fuerza de mi cámara en una plaza de luz y acero; he dejado las suelas de mis playeros -ay, qué lejos queda Irlanda, cuando empezaron a caminar conmigo- en caminos que llevan a un río sin memoria; he visto el templo de Pérgamo y las uertas de Ishtar, he comido dönner preparado por hombres tan nuevos en la ciudad como yo; he visto una barrera hecha símbolo de un pueblo -el berlinés- a base de la paradójica alegría por su destrucción.

me gusta Berlín. mucho no he ido a ningún club, no tengo tiempo. no esta vez. pero he bebido de sus calles como sólo lo he logrado en San Francisco, recorriendo sus rincones con el miedo de no poder vlver a pisarlos.

he besado en Berlín. eso también es importante.

he hecho fotos en Berlín. iso me gusta.

he dejado en Berlín una deuda que espero completar… en muchos años de visitas.

Madrid lo tiene, Los Angeles también, y Londres. nunca lo he sentido tan fuertemente como en New York. será que veo demasiada televisión, pero es así. sin embargo Berlín se regodea en su humanidad, en su abrazo a la naturaleza y en su apertura de espacios. no tengo la sensación de estar metido en el caos de la city… aunque sí en una capital mundial: cosmopolíta, fea y preciosa al mismo tiempo. y viva, Berlín es na ciudad viva… pero no como New York, que nunca duerme sino como una persona que ha pasado la treintena y conoce muchas respuestas y sabe que hay que descansar para llegar con fuerzas al día siguiente.

Berlín es amable incluso en su dureza. sus niños de la calle -los punks sin crestas pero con perros y guitarras y niñas embarazadas- disfrutan el verano bailando para el turismo hasta que se cansan y se tumban a tomar el sol. supongo que el invierno les encuentra en las estaciones de metro y trenes.

dejo de escribir porque me voy a ver más de esta ciudad.