ya no hace falta esperar por casi nada.

la semana pasada necesitaba un libro con cierta urgencia. tenía tres días para entregar un trabajo y necesitaba revisar lo que sobre el tema decía una especialista de EEUU… me fui a Amazon, lo encargué urgente y me llegó en dos días… y podría haber sido más rápido, claro. hace diez años eso hubiera sido inconcebible, principalmente porque habría ido a mi librería -conste que sigo comprando la mayor parte de mis libros offline- y habría encargado un libro que hubiera tardado un poco más en legar. cosas de los intermediarios.

cuando quieres ver una película o serie de televisión ya no esperas a que tu cadena o tu videoclub la saquen… te vas a cualquiera de las miles de webs dedicadas a ello y te bajas el episodio… perdona, eso es taaan de principios de siglo… quiero decir que lo ves online y ya está.

no esperas.

lo mismo pasó con las llamadas en los noventa. antes «llamabas a un mueble» como dice mi amigo Nova, desde entonces llamamos a una persona.

inmediatez en todo lo que hacemos.

por eso no me sorprende leer en El País que un hombre, después de sobrevivir a un pequeño accidente aéreo, fue contando todo lo que pasaba a sus seguidores de Twitter. no hizo falta que ninguna reportera se «desplazara al lugar de los hechos» porque hoy en día cualquiera con un teléfono móvil mínimamente decente y/o conexión a internet puede acceder a herramientas de comunicación que permiten mayor agilidad que los medios de información tradicionales.